Kakistocracia: gobierno por una oligarquía licenciosa

 

Fragmentos de la introducción edición 2016 (se omiten referencias):

 

“Un lobo se encontró con un corderito extraviado del redil. Con la intención de no usar sobre él, sus crueles garras en forma arbitraria, sino buscando algún motivo para justificarse ante el cordero en su derecho de comérselo, le dijo:

"—Sirrah, el año pasado me insultaste en forma grosera".

"—De hecho…" baló el Corderito en un tono triste, “— Entonces yo todavía no nacía".

“—Pero”, dijo el lobo, “—te has alimentado de mi pasto”.

“—No, buen señor”, respondió el Corderito. “—Aún no he probado la hierba".

Una vez más, dijo el Lobo. “—Haz bebido de mi fuente, de mi agua”.

“—Nooo,” exclamó el corderito, “—Todavía no he bebido agua porque la leche de mi madre es a la vez comida y bebida para mí”.

A lo que el Lobo lo agarró y se lo comió diciendo: “—Bueno, a pesar de que refutaste cada una de mis imputaciones, ni modo que me quede sin cenar”. Moraleja: El opresor siempre encontrará un pretexto para su tiranía.

 

Términos tales como democracia, teocracia, aristocracia, paidocracia, aleocracia, delfocracia, ginecocracia, gerontocracia etc., son del conocimiento general, pero menos común es el término kakistocracia. El término de kakistocracia se aplicaba a los miembros de la cúspide del poder social que era ocupada por individuos altamente agresivos, embusteros, artificiosos, e incluso con ciertos rasgos sociopáticos. Esto es, los peores individuos de la sociedad ocupaban los puestos de gobierno.

 

En la última mitad del Siglo XX y principio de XXI, México fue gobernado por kakistócratas. Esta es una reseña de cómo lograron colocarse y afianzarse en el poder.

 

En esta obra se hace una reseña de artimañas que se han seguido para encumbrarse y mantener el poder en México.

 

La política no es el arte del engaño y la simulación, que según algunos políticos “iniciados”, es un conocimiento vedado a las mayorías, y solamente los maestros de la mentira y el encubrimiento —unos pocos iniciados—, son los que tienen acceso a este tenebroso conocimiento: el arte de cambiar las cosas artificialmente, el ardid de pactar para que todo siga igual beneficiando sólo a unos pocos. No, la política reiteradamente lo han venido diciendo los griegos desde la época de oro, es el arte de servir a su comunidad, a su pueblo en forma fraterna utilizando el poder para el bien común. ¿Utópico? ¡No! Cada vez se hace más evidente en la evolución de la consciencia global del hombre y en particular, de la consciencia política. Siempre las sociedades van por delante, antes que las instituciones sociales, cualquiera que sea su género; y las oligarquías temen cualquier cambio que amenace sus privilegios. La casta política y los poderes fácticos tardan mucho en aprender y a veces no aprenden y sucumben ante la violencia de los pueblos.

 

Es importante señalar que  dentro de esta misma evolución cultural y en el punto en que nos encontramos, la interrelación internacional, la soberanía de los Estados de cada país se ha trasladado —en algunos aspectos—, a instancias supranacionales: poderes fácticos internacionales. Nos movemos en un mundo globalizado en donde los centros del poder y de la toma de decisiones ya no son totalmente autónomos por los países mismos. Existen intereses globalizantes rapaces que frecuentemente atentan contra la diversidad, la fraternidad, la igualdad con justicia y la libertad. Por otro lado, también existen instituciones internacionales que analizan y comparan el desempeño de países en diversos rubros o simplemente defienden ciertos valores como es el caso de Greenpeace en el medio ambiental y Oxfam en el ámbito de temas sociales como la desigualdad y la corrupción, por citar dos. El hecho es que cada vez más todos los países están bajo la mirada y valoración de otros países, más aún con el advenimiento del Internet que definitivamente está contribuyendo al desarrollo de una consciencia global. 

 

La desigualdad, la corrupción y la injusta regulación financiera prevaleciente —nacional e internacional—, no son fenómenos inamovibles. Las sociedades las pueden cambiar. De lo contrario sería un atentado en contra de los mismos principios democráticos. El fraude y la injusta desigualdad financiera, no deben ser cartas de naturalización, ni de la política ni de la democracia.

 

La última edición, 2015, del Índice de Democracia de The Economist Intelligence Unit refleja la situación en el año en que la democracia se puso a prueba con la diseminación de guerras, terrorismo, la migración masiva y otras crisis. En esta era, que denominan "de la ansiedad", la primera víctima del miedo y la inseguridad, fue la reducción de la libertad ciudadana. El Índice de Democracia proporciona una instantánea del estado de la democracia en todo el mundo. El índice está basado en cinco categorías: a) proceso electoral y pluralismo; b) libertades civiles; c) el funcionamiento de gobierno; d) participación política; y e) la cultura política. Sobre la base de sus puntuaciones en una gama de indicadores dentro de estas categorías cada país queda clasificado dentro de cuatro tipos de régimen: "democracias plenas"; "democracias imperfectas"; "regímenes híbridos"; y "regímenes autoritarios". México se encuentra en la segunda (democracia imperfecta).

 

Casi la mitad de los países del mundo puede ser considerada como democracias, pero el número de "democracias plenas" es baja, sólo 20 países. Encabezando la lista, en los primeros diez lugares están: Noruega, Islandia, Suecia, Nueva Zelanda, Dinamarca, Suiza, Canadá, Finlandia, Australia y Holanda, países que en otras investigaciones internacionales también ocupan los primeros lugares en “Índice de Felicidad” auspiciado por las Naciones Unidas y también estos mismos países ocupan los primeros lugares en el Índice de Equidad de Ingresos entre los miembros de la OCDE. Esto es, la franja entre los ricos y los pobres es muy estrecha, existe una mayor equidad en los ingresos per cápita. ¿Qué nos indican estos parámetros? Que la democracia, la apreciación de la vida con felicidad y el bienestar material van unidos.[…]

 

Esta es una imagen de nuestro estilo de convivencia actual. Los partidos políticos, todos y cada uno de los políticos, sus militantes, aliados, seguidores, secuaces y todo el andamiaje de política en México, el crimen organizado y el grado de corrupción en el sector privado… son parte de nuestra mexicanidad política y social. Todos representan el estilo de hacer política y de convivencia en México. Es la sociedad de nuestro país; somos nosotros. Nuestros políticos no vienen de marte... son parte de nosotros mismos al igual que nuestros criminales. Los políticos, nuestra forma de hacer política y nuestra forma de convivencia son parte de nuestro “ethos”. Este término se refiere al espíritu característico de una cultura, era, o de una comunidad, y de cómo se manifiesta en sus creencias, aspiraciones y forma de ser social (Contrato Social). Cada país, cultura o comunidad tiene su “ethos” distintivo.

 

“Ethos” es una palabra griega de denota las creencias o ideales que guían o caracterizan a una comunidad, nación o ideología. Los griegos originalmente utilizaron esta palabra para referirse al poder de la música para influenciar las emociones, conducta e incluso los aspectos morales de quienes la escuchaban...

 

La fuerza de una sociedad radica en la fuerza de sus valores. Estos valores tienen que ser inculcados desde la niñez; el valor de la colaboración en grupo, el valor de la toma de decisiones respetando la opinión de los demás (democracia), la creatividad, la compasión, el amor y respeto a la naturaleza, el valor del respeto a las posesiones de los otros, el altruismo, el respeto a la justicia y la observancia de la ley, la generosidad, la puntualidad, el valor del orden y sobre todo… el valor de hablar con la verdad. Estos valores germinarán en el niño, el joven, el adolescente, el hombre maduro y el de la tercera edad, el orgullo sensato de pertenecer a esa cultura porque esa cultura también le corresponderá con justicia a su esfuerzo por mejorar el bien común y sabrá que en sus años de decrepitud, su sociedad le acogerá con justicia.

 

Tenemos que recurrir a nuestro pasado para conocer nuestro presente y planear nuestro devenir. Esto es importante especialmente para las nuevas generaciones que aún no tienen conocimiento de lo que se padeció en el pasado; de los esfuerzos de cada generación, de sus penurias, sus sufrimientos, de sus fugaces goces, de los engaños y desengaños a los que se tuvieron que someter. Cada generación tiene que aprender de su pasado, tiene que batallar y batallar en el presente y construir el futuro de nuestra nación: ninguna generación puede permanecer impávida ante su pasado y futuro: tiene que aprender y luchar por construir un futuro proactivo democrático; tiene que aprender a convivir en armonía, con cortesía, con justicia, con aprecio para con cada uno de sus conciudadanos.

En contra de esos valores tenemos los "antivalores": el egoísmo, la imposición, el robo, el “agandallamiento”, la mentira que llevan a una convivencia malsana, a la violencia entre ciudadanos. “La riqueza es un poder usurpado por una minoría para obligar a la mayoría a trabajar en su provecho”…

 

“Los hombres son pervertidos no tanto por la riqueza como por el afán de riqueza”. Cuando no existen estos valores superiores o son obnubilados y se cae en el afán de la búsqueda de la acumulación del capital, de la explotación del otro como única razón de vida, se cae en un tipo de pensamiento utilitarista que solo busca y crea —para unos pocos—, paraísos de opulencia.

 

Los kakistócratas son el resultado del agotamiento del sistema capitalista, que aunque se ejerce en ambiente de libertad, su fin último es la acumulación “ad infinitum” de capital; un fin existencial enfermizo que no contempla devolver a la sociedad y a la naturaleza los rendimientos del fruto del trabajo de los hombres que producen la riqueza. Crea una separación artificial en castas o clases, basada en la acumulación de riqueza…

 

En los apartados que siguen al presente, hacemos un resumen de acontecimiento políticos que se vivieron al final del siglo pasado y que fueron escritos hace algunos años. En este nuevo agregado estamos haciendo una reseña de algunos hechos y puntos políticos que nuestras generaciones posteriores también deben conocer…

 

“Las cosas no valen sino por lo que se les hace valer”. Molière.

 

 

        Contenido

 

  • I.     El fin de un ciclo
  • II.     La libertad
  • III.     Soberanía y leyes
  • IV.     Justicia
  • V.     Prosperidad
  • VI.     Filosofía y política
  • VII.     Liberalismo
  • VIII.     El futuro
  • IX.     Capital intelectual
  • X.     Corolario

 

 

Kakistocracia: gobierno por una oligarquía licenciosa

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