Ciudadano: el político del Siglo XXI

 

Del Prólogo:

 

La obra que tiene en sus manos es una síntesis de bases teóricas de una miríada de temas de gran utilidad para el ciudadano, para el político añejo que busca nuevas fórmulas y para el aspirante a político profesional en el Siglo XXI. El autor ha empeñado un gran esfuerzo en esta multifacética investigación y presentación de conceptos. Del contacto que he tenido con el texto quiero contribuir con algunos puntos.

 

Uno de los temas recurrentes en el texto es la revocación de mandato. Esta disposición en la administración pública ya existe, pero como si no existiera. Esta importante herramienta de la democracia, si no se utiliza es un desperdicio en el ejercicio de los derechos del ciudadano. Que no se queje el ciudadano de un inadecuado desempeño de un funcionario público si él no participa evaluándolo, y en su caso, removiéndolo del puesto.

 

La participación política requiere de valor civil para estar al tanto de lo que ocurre en su país. Esta entrega personal se debe manifestar no solamente en las elecciones, sino en el día a día de la conducción del país. El ciudadano necesita ser el motor principal en el ejercicio de la democracia y en su comprobación. El buen ciudadano tiene interés y sabe cómo involucrarse en conversaciones de asuntos públicos. Uno de los aspectos de la participación en el discurso político es su capacidad de deliberación. La charla política necesita ser en forma deliberativa, permitiendo a los hablantes no sólo a comprometerse críticamente entre sí, sino también en un ejercicio reflexivo de la crítica de un tema determinado y su participación correctiva, cuando el punto lo amerite.

 

A pesar de que en los últimos 20 años, el sistema político mexicano ha sufrido varias reformas y una transformación estableciendo parámetros e instituciones más democráticas, tratando de adaptar el presidencialismo a condiciones de mayor demanda de la ciudadanía, para muchos estudiosos de la política, el sistema en su estado actual está agotado. El sistema —a base de reformas—, ha logrado convertirse en una imperfecta democracia electoral, pero sin una estructura de instituciones independientes.

 

Estas reformas en algunos casos han tenido consecuencias negativas para el sistema que por 70 años operó. En nuestro momento histórico, para lograr una mejor convivencia democrática en los procesos electorales, un primer punto sería integrar una segunda vuelta que quitaría —hasta cierto punto—, nubarrones sobre la legitimidad de los ganadores.

 

Un segundo punto podría ser la implementación de reelecciones para ciertos puestos de elección. Esto haría que los representantes ciudadanos en realidad estuvieran más en contacto con sus representados a fin de lograr la reelección. Y por último, establecer un nuevo marco institucional que incluya la independencia y rendición de cuentas en forma transparente de todas las instituciones de gobierno, incluyendo sus tres ramas principales.

 

Como lo demandan las sociedades en todo el mundo, los partidos políticos necesitan actualizarse de acuerdo a las corrientes de pensamiento político moderno: transparencia, cercanía con la ciudadanía, democracia interna, capacidad de autocrítica, respeto a la militancia, entre otros.

 

Las sociedades necesitan abrir la participación a los individuos, ciudadanos que busquen la participación en la política sin estar maniatados con los compromisos de un determinado partido y su ideología a fin de que verdaderamente surja la creatividad política. Estos candidatos sin partidos deberán ser profundamente analizados para determinar si en verdad son independientes o dependen de alguna fuerza política o fáctica que se oculte; si esto sucediese iría en detrimento de la legitimidad del proceso electivo.

 

En cuanto a la educación, tenemos una asignatura pendiente: educación para la democracia. Los principios que inculca la educación siempre serán guías en la vida del ciudadano. La educación no solamente se debe circunscribir a la transmisión del conocimiento sino que debe incluir principios éticos y de convivencia sólidos.

 

Es importante retomar los conceptos fundamentales de una sana educación, —tanto familiar como escolar—, en donde los principios debieran ser rectores fundamentales de la acción liberadora. Hoy día tenemos que preguntarnos cuál es el significado de la patria, del respeto a la memoria de los héroes, de las gestas que configuraron nuestro ser nacional, de la fundación de instituciones que contribuyeron al rumbo de la patria; en resumidas cuentas, en qué se basa nuestro fervor patriótico.

 

La formación educativa podrá hacer que los jóvenes —una vez que lo hayan reflexionado—, tomen la decisión de adherirse a un determinado partido con convicción y con deseos de participación; que sientan la importancia de lo que es la verticalidad, la congruencia, la lealtad, y en un momento dado, la participación partidista, pero con una mística que vaya en contra de la demagogia, el pragmatismo, la deslealtad y el fariseísmo político. También podrán decidir mantenerse al margen de partidos; pero participando en política, tanto en el momento de votaciones, como en la vigilancia cotidiana del ejercicio del poder por parte de los administradores públicos.

 

Concuerdo con el autor, el político profesional ha de tener talento y una gran sensibilidad de apreciación social para saber cuándo aplicar los conceptos que científica, tecnológica y administrativamente sean derivados de un equipo de notables, que con alta calificación y “expertise” conformen su equipo de trabajo. El político no está en condiciones de penetrar en un sinfín de asuntos que sólo le generarían distracción de lo que ha de ser su tarea esencial: la cercanía con la sociedad y el empeño para solucionar sus problemas.

 

Para tener éxito el político debe estar en posición de percibir las necesidades sociales, evaluar cuándo se han de atender dichas necesidades, y oportunamente aplicar el procedimiento en el mejor momento. Este es un punto clave —que el autor reitera varias veces—, la sensibilidad y cercanía social del político, de lo cual el tecnócrata adolece.

José Manuel Jurado Parres.

 

De la solapa:

 

Desde que empezó a germinar en mí la idea de este texto, lo pensé corto y sencillo. Dirigido a todo ciudadano. Todos y cada ciudadano es un elemento político que debe empoderarse. Que a veces actúe y que otras veces se deje llevar por la inercia, es otra cosa. Pero la realidad es que cada ciudadano es un político, activo o en potencia. Lo que haga o deje de hacer siempre tendrá una repercusión política. Desde luego, cuando el ciudadano no actúa resentirá los efectos de su abulia e indolencia en su vivir en sociedad. Para evitar ser únicamente receptor de los efectos causados por otros, necesita actuar. Hacia ellos va dirigido este texto ofreciendo una serie de textos con puntos de reflexión multifacéticos relacionados con la política: el político necesita ser un generalista. 

 

La apatía, la indiferencia, la indolencia sobre los asuntos “del bien común”, son síntomas del cáncer social de una sociedad. ¿Por qué? Porque la pereza ciudadana permite que, cual células cancerosas el hampa y el gobierno autoritario —los kakistócratas—, crezcan y sojuzguen a la ciudadanía.

 

La economía, la moral, la ética, el sentimiento religioso y la política, de alguna forma están relacionadas. Algunos grandes políticos han tratado de analizar la política y el Cristianismo desde un punto de vista eminentemente práctico haciendo a un lado las consideraciones propiamente escatológicas y se han concentrado en los conceptos prácticos de las diferentes religiones. Todas las religiones, al igual que las ideologías políticas, en su esencia básica más profunda, buscan el bien y luchan en contra de las debilidades individuales relacionadas con la codicia, la avaricia, la lujuria, etcétera. Tal es el caso del “Presidente Thomas Jefferson, que cortó y pegó un ejemplar del Nuevo Testamento, eliminando las secciones que él consideraba que se referían a la divinidad de Jesús y conservando sólo los pasajes sobre las enseñanzas éticas y morales de Jesús”. Jefferson llevaba con él, en todo momento, su Nuevo Testamento cortado y pegado.

 

Esto no quiere decir que Jesús tuvo la exclusividad de predicar la moral y la ética como valores fundamentales de la vida. Todos los grandes pensadores en las diversas religiones han buscado la elevación de la condición humana y han coincidido en estos valores. El punto que quiero resaltar es que todo político, esto es, todo ciudadano y ciudadana necesitan estar dispuestos a abrirse a su espiritualidad, a su divinidad personal y a actuar por el mejoramiento de su sociedad.

 

“Se dice que un político es un ciudadano haciendo política. […] La política es un método de organización para procesar los intereses de grupos e individuos en una sociedad. No sólo los políticos profesionales hacen política. En las universidades se hace política. El líder de los abastecedores de un mercado hace política. El presidente de una sociedad de padres de familia hace política. Los sindicatos son escuela para el ejercicio político. El consejo directivo de una liga de fútbol hace política. Lo mismo pasa en los colegios de profesionistas. En las agrupaciones agrícolas y las organizaciones no gubernamentales. La política está en todas partes. En todas partes hay una tarea pendiente para dignificar la política”.

 

Del cuerpo de la obra: 

 

“[…] Es más: es el ciudadano, que NO tiene una responsabilidad pública, quien debe empujar, poner la muestra. Pero ello implica dignificar primero su estatus como ciudadano: respetar las filas en las ventanillas de trámites; pagar sus impuestos; ayudar a limpiar el parque de su colonia; no copiar en los exámenes; no arrojar basura desde los vehículos; no pasarse los altos; no estacionar su auto en los lugares de las personas con discapacidad y… votar. Sólo un ciudadano digno, puede exigir políticos dignos”. Guadalupe Robles.

Sin embargo, tenemos que reconocer que es imposible que todo ciudadano ejerza la praxis de la política. Algunos ciudadanos tendrán la responsabilidad y el honor de percibir, escuchar y poner en práctica, con ética, con honestidad, lo que el resto de la ciudadanía busca y quiere para su comunidad.

 

Existen cinco tipos de políticos que desglosaremos más adelante: a) de tiempo completo; b) de tiempo parcial; c: por designación; d) por vocación social; y e) el más importante, el ciudadano, que cuando actúa se convierte en un elemento vital y determinante en la conducción de su colectividad. Pero igualmente, cuando no actúa, se convierte en una variable interviniente en el destino político de su colectividad. No existe el ciudadano apolítico. Su primer documento político es su acta de nacimiento y el último será su acta de defunción. En el lapso intermedio, todo lo que haga o deje de hacer siempre tendrá una repercusión política. La política es parte esencial e indisoluble del vivir en sociedad.

 

Este texto está dirigido a todos estos grupos: los menos numerosos, los políticos de tiempo completo, que representan y ejercen la voluntad de las mayorías; y también para las mayorías de ciudadanos que participan, acotan y en general vigilan y aprueban el quehacer de sus gestores. Todo político es un gestor para cubrir las necesidades y la voluntad ciudadana.

 

Contenido

Agradecimientos

Prólogo

Ciudadano: el político del Siglo XXI

Introducción

Evolución de las ideas  

Primeras sociedades democráticas en América

La historia de dos ciudades

Democracia comunitaria mexicana actual

“Cursus honorum”, carrera honorable

Democracia

La Democracia como Castillo de Arena 

Democracia: gobierno por el pueblo o tribunal ciudadano

La Ley de hierro y las oligarquías en los partidos

Parresía

Economía y democracia

El poder tiende a corromper

Capitalismo: crisis en la civilización

Distribución de la riqueza nacional

Desencanto con los políticos

La realeza de México

Finanzas internacionales

Reacomodo internacional del poder financiero

Usura

Espiritualidad y política

Más allá de religiones

Laicismo 

Educación para la democracia

Ciudadano político

Realidad alterna alrededor del político

El político profesional

Qué motiva a ser político

El Servicio Público de carrera

La carrera del político

El político como un mal necesario 

Contrargumentos

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